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Ante el aumento del precio del aceite

Jueves 28 de julio de 2016 | A las compañeras y compañeros trabajadores, a los sindicatos adheridos y al conjunto de la sociedad:

Durante esta última semana, la sociedad ha sido espectadora de la posibilidad de nuevos aumentos en un producto de primera necesidad para el hogar como es el aceite comestible. Estos aumentos se sumarían a los que ya han ocurrido durante el presente año, los que promedian un 82,25% entre enero y junio.

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El aumento se produciría por la desaparición del Fideicomiso del Aceite, un fondo fiduciario privado constituido por el 1,2% de lo facturado por las empresas en la exportación de soja, aceite y subproductos.

Estas sumas eran distribuidas por y entre las grandes empresas que envasan y venden aceite en el mercado interno, es decir, por ellas mismas, a los efectos de financiar un precio para el mercado interno que no sea el de exportación (dicho sea de paso, a la queja empresarial por la existencia del fideicomiso en sí mismo como factor de limitación de precios, se le debe agregar ahora la expresa manifestación de la CIARA respecto a que además eso fomentaba “actividades ilícitas como el contrabando”, denuncia que la Justicia debería investigar).

El precio del aceite que consumimos los habitantes es considerablemente menor al precio internacional de exportación por dos políticas de intervención del Estado: la existencia de este fideicomiso privado y las retenciones a la exportación de cereales y oleaginosas.

Estas dos políticas se han modificado desde la asunción del nuevo gobierno en el Poder Ejecutivo:

– Por un lado, se han bajado las retenciones a la soja de un 35% a un 30%, con la promesa que seguirá año a año disminuyéndose en esos porcentajes, y en el caso del girasol se han quitado llevando las retenciones a 0%. Esto se traslada directamente al precio interno (que si implica trasladar las ganancias extraordinarias de la exportación, supondrá un aumento mucho mayor aún que el producido hasta ahora y el anunciado para lo que resta del año); y en el caso del girasol produce un efecto que resulta perjudicial para la industria aceitera, que se suma a la caída de la siembra de esta oleaginosa, como es la exportación directa del grano de girasol sin procesar. Hoy resulta más rentable exportarlo que procesarlo en el país y venderlo, ya sea en el mercado interno como en el externo, y esto ha generado incluso el cierre de varias empresas.

– Por otro lado, el mencionado fin del fideicomiso, o lo que es lo mismo, la liberalización absoluta del precio del aceite a la fijación por el mercado.

Desde la Federación hemos advertido que esta situación de liberalización de precios sólo puede redundar en más aumentos en el aceite comestible, como finalmente lo ha confesado la propia Cámara empresaria (CIARA): si cumplen con su anuncio de aumentarlo un 30 % más, el aumento total del aceite durante 2016 será de 137 %.

Como es obvio, ningún salario aumentó en esa proporción, o lo que es lo mismo, el ingreso real de los trabajadores se redujo por una notoria pérdida del poder adquisitivo de sus salarios.

En el caso de los obreros aceiteros, vale la pena recordarlo, la incidencia salarial en la rentabilidad de las empresas es ínfima, y este aumento de precios en nada se relaciona con los salarios, salvo en su deterioro. Ello demuestra, una vez más, que los aumentos de salarios no son los que generan la inflación, sino el desmedido ánimo de lucro de las empresas.

El Gobierno Nacional ha hecho de la libertad del mercado un eje de su política económica, liberando los precios de las mercaderías, que aumentan mensualmente. El único precio que mantiene controlado es el de la fuerza de trabajo, que sólo aumenta una vez al año, y en una proporción notoriamente menor.

Las supuestas medidas antiinflacionarias se limitan a la política monetaria y a la apertura irrestricta de la importación, disminuyendo el dinero circulante y llevando las tasas de interés a niveles usurarios.

Estas políticas ya tienen sus consecuencias: caída del empleo y de la producción industrial, recesión económica reconocida hasta por el Fondo Monetario Internacional.

El empresariado local y su Gobierno vuelven a repetir un viejo error: piensan que aumentando los precios y bajando los salarios van a maximizar sus ganancias, olvidando que ello generará su propia ruina, al desaparecer sus compradores.

Insistimos en que la única manera de enfrentar la crisis económica es con salarios mínimos y vitales según su definición en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo que, al tiempo que garantizan una vida digna a los trabajadores, motoricen el mercado interno, generando producción y empleo.

Esto no es parte de la agenda del gobierno ni de las exigencias de los empresarios, todo lo contrario. Es por eso que es el movimiento obrero el que debe exigirlo.

Por ello es que coherentemente con este planteo, y ante la erosión sostenida del salario real, nuestra Federación estudia seriamente reclamar la reapertura de la paritaria tal cual está establecido en el artículo 25 del Convenio Colectivo de Trabajo 420/05 en defensa del salario mínimo, vital y móvil según su definición legal.

Comisión Directiva

Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina

F.T.C.I.O.D y A.R.A.